BASES PEDAGÓGICAS

Son los diferentes conceptos de la niñez los que determinarán la orientación en la psicología del desarrollo que hace de correlato teórico de las prácticas pedagógicas de uno u otro tipo de escuela. Dicho de otro modo: así como entendamos qué es el niño, así el trac-remos.

La pedagogía de las escuelas incluidas en la Red se fundamenta en estos bases y en muchas y diversas corrientes teóricas y prácticas de las que nos nutrimos.

Aunque corremos el riesgo de la simplificación, por cuestiones heurísticas pasamos a sintetizar los conceptos generales que explican la práctica educativa que llevamos a cabo, aunque sin perder de vista que el niño es un sistema multidimensional y que su desarrollo es un proceso complejísimo que no se puede resumir.

1. Los seres humanos son un sistema con partes diferenciadas e integradas que a la vez que cambia para adaptarse de manera provechosa con el medio físico y social circundante, se trabaja para mantener su integridad en un delicado equilibrio siempre dinámico. Esta es la definición que desde el punto de vista biológico Humberto Maturana (1984) da por el sistema autopoiético y que se adapta perfectamente a la teoría de sistemas de aplicación en el entorno educativo. Según esta definición, el niño ya no puede ser consi-rado desde el punto de vista del adulto como un ser en formación sino como un sistema que a la vez que se desarrolla es armónico y completo a cada instante.

2. El aprendizaje consiste en la emergencia en un individuo de mecanismos que ajustar-ten el comportamiento del mismo a la experiencia vivida física y socioafectiva. De aque-sta simple definición se siguen otras interrelacionadas.

3. Cada niño tiene la capacidad y la necesidad de dirigir su proceso de aprendizaje se-gún su plan interno. Como el niño es un sistema autopoiético, como cualquier organismo, actúa y se desarrolla de manera autorregulada. En sus intercambios físicos y emocionales con su entorno sigue un plan interno de desarrollo in-consciente. Este término de la tradición de psicología genética y evolutiva piagetiana, no se refiere a un simple código genético o un destino metafísico. Según este autor, es una línea de evolución que sigue de manera natural el mismo niño según diversas etapas del desarrollo. Este concepto ha sido matizado y complementado por la tradición psicológica posterior. El niño traza de manera inconsciente este plan y de la misma manera que las circunstancias experienciales son cambiantes, el niño y su plan también lo será. El plan interno es un mecanismo-guía dinámico, que orienta su tendencia de desarrollo y que a la vez se ve retroalimentado por el de-sarrollo mismo, como es propio de los sistemas autopoiéticos emergentes. Consideramos que este plano interno se debe respetar y cuidar para preservar la armonía en el desa-rrollo del ser humano.

4. El auténtico aprendizaje, por tanto, es irrefrenable y se da en todo momento si surge de la curiosidad innata de los niños. Nos podemos imaginar al niño como un verdadero solucionador de problemas (Case, 1989), un ente capaz de formular sus objetivos-tivos propios e intentar conseguirlos activamente. Incluso, algunos estudios aseguran que la satisfacción personal de aprender por iniciativa propia desencadena una química cerebral gratificante que reafirma el proceso de desarrollo (Eberhart y Kapelari, 2010).

5. La adquisición de nuevas competencias está íntimamente relacionada con la practicidad de la misma y como afecte directamente al niño, o sea, depende de su motivación o, como hemos dicho, de su plan interno. Como demuestran múltiples investigaciones (Donal-sueño, 1978) la capacidad de resolver tareas de los niños está sujeta a las cir-cunstancias concretas en que éstas se presenten y si tienen sentido dentro de su propio mundo. Aunque el aprendizaje tiene un gran componente imitativo y de asimilación del entorno (físico, social y cultural), las estructuras mentales que habilitan el ser humano para construir soluciones altamente adaptadas y eficientes a situaciones no previstas no se pueden alcanzar sólo transmitiendo el conocimiento de nuestra civilización sino creando espacios adecuados para el ensayo en base a prueba-error de qué es y cómo funciona el mundo. Porque como dice John Holt, entre otros: "Aprender no es el producto de ense-ñar. Aprender es el producto de la actividad de los aprendices. "

6. Independientemente de como se quiera entender la naturaleza de las entidades cognitivas (esquemas, estructuras, representaciones mentales, etc.) del niño y cómo cambian estas entidades a lo largo del desarrollo, se han podido identificar ciertas eta-peso. En cuanto a la etapa escolar que nos ocupa, nos basamos en la conocida distinción hecha en la extensísima obra de Jean Piaget - sensoriomotriz (de 0 a 2 años), preope-racional (de 2 a 6 años) y operacional concreta (de 7 a 12 años) - a pesar de que no ha superado el paso del tiempo dado que múltiples investigaciones de sus propios dei-pulos y otros posicionamientos como la psicología evolutiva sistema o del proceso-samente han revelado muchas inexactitudes. Igualmente todos mantienen que sí hay etapas en el desarrollo, que son laxas, que cada niño hace un recorrido único, que no siempre es en sentido progresivo y que, no se puede cambiar su orden.

7. Aunque cada acción requiere de competencias específicas, la experiencia es inte-gral y fenoménica, es decir, que s'aprehèn con la vivencia subjetiva sensorial y la base de la memoria individual y cultural. Como diría la escuela Gestalt (Sáiz et al, 1995), y no es posible descomponerlo en sus partes integrantes sin desvirtuarla. Además, sabemos que los fenómenos psíquicos son inherentes a la corporeidad y, recí-procamente, el cuerpo soporta una actividad psíquica: "l'homme est son corps" (Coste, 1977). Por lo cual, el desarrollo del individuo es integral y comprende las dimensiones física, cognitiva, emocional, social y trascendente, que se apoyan entre sí, y que no se pueden disociar unas de otras sin desvirtuar la naturaleza de la individuo. Por ello, la educación la entendemos como un proceso global que debe contemplar el cuerpo, la mente y la psique.

8. Queremos hacer notar que siempre se habla de aprendizaje y no de enseñanza, porque entendemos que el guía del desarrollo propio es el niño o niña. Obviamente los acompañantes adultos tienen un rol clave.

9. Cada niño y niña es un individuo con su personalidad, que merece ser tratado con amor y respeto. La convivencia con la diversidad es un valor enriquecedor en sí mismo y proporciona otros puntos de vista de la realidad. Por otra parte, la discrepancia obliga a poner en práctica mecanismos de entendimiento y diálogo, empatía y solidaridad. También es clave en la conformación de la identidad propia en la mirada del otro y la base de la consolidación de los diferentes roles que integran el individuo.

10. Además, consideramos que la interacción social entre compañeros y acompañantes es uno de los motores del aprendizaje. El planteamiento en grupo de la resolución de una tarea común supone no solo un conflicto (en el sentido piagetiano) que lleva a una reestructuración cognitiva, sino que favorece la comprensión intersubjetiva de la

situación (Miller, 1987) y hace avanzar el desarrollo de la comunidad de alumnos y acompañantes como un organismo de segundo orden.

Cabe decir que estas son las premisas que nosotros abrazamos, aunque entendemos que la psicología del desarrollo, y la pedagogía que se deriva, son disciplinas históricas de una tradición diversa y rica, que en sus diferentes opciones siempre puede haber acierto y que todas ellas tienen por intención primera favorecer el desarrollo de los niños y niñas de nuestra sociedad. Con esto queremos indicar dos principios que procuramos mantener:

- El acuerdo de estas bases pedagógicas nació de una reflexión conjunta y de esfuerzo de síntesis y consenso, que puede ser revisable y mejorable a medida que la comunidad educativa gane en información y experiencia.

- En el ejercicio de nuestra libertad pedagógica también hay un profundo respeto las diversas opciones educativas que conviven en nuestra sociedad

Los fundamentos pedagógicos esbozados en el apartado anterior los podríamos resumir en tres principios básicos que nos sirven de guía para nuestra práctica pedagógica diaria y que man-tenemos presentes siempre que se diseña un plan de actuación en la escuela. Estos principios son:

1. El acompañamiento del adulto en el proceso de actividad de los niños se hace con una mi-rada de amor y respeto.

2. El entorno de los niños condiciona su aprendizaje y, por tanto, velamos por que sea rico, seguro y relajado.

3. Las experiencias de aprendizaje en estas edades son globales, es decir, implican todas las funciones del organismo y entendemos que no pueden ser siempre compartimento-tadas en campos de conocimiento.

Este principios se materializan en la escuela en una organización del tiempo, de espacios, recursos-humanos y material pedagógico fuerza particular.